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En cien años lo que llamamos arte ahora se irá a la calle a cohabitar sin distinción o será albergado en las casas. Habrá una suerte de castillos sin dueños ni vigilantes, amantes del teatro y la conservación que deambulen restaurando aquí allá esos objetos entrañables sin valor monetario, empolvados. La música será una música viva, continua fiesta, tranquila embriaguez. El cine a su vez volverá a ser a la intemperie, se sostendrá con la voluntad de los individuos que deseen rodar una cinta, cuya voluntad será tan magna, que todos aportarán a la felicidad audiovisual de las proyecciones sin costo, invaluables. En trescientos años nadie tendrá pertenencias personales porque la tierra y los seres estarán colmados, exhaustos de la carrera productiva, de esa competencia sin fin aparente, estarán fatigados de hacer más. Las personas volverán a usar sus dos pies para trasladarse de un lado a otro, en un nomadismo lúdico, dormirán donde los toque la noche. Las personas volverán al paraíso copulando a la intemperie frente al paisaje y los observadores podrán o no unirse, ver o no ver, no habrá la ansiedad morbosa, porque la libertad hará del acto una ternura y pasión carnal tan viva, sin violencia, que nadie tendrá celos de nadie, porque a su vez nadie será de nadie, nadie poseerá ni la persona ni las creencias ni el tiempo de nadie. Se podrá hablar con quien sea con soltura por una aceptación implícita de la infinita diferencia porque habrá tiempo para interesarse por el otro. Otros, en un acuerdo natural y sin castigos, en una hermandad y cariño sobrenatural sin dominio, migrarán en caballos jamás fustigados, a galope con el viento, sin silla. Las galerías de arte las procurarán amantes del arte vivo, aquellos que lo valoran como se valora una planta, que se mantiene viva, sin confiscaciones y contratos, sin avalúos financieros que certifiquen nada. El cansancio por un odio exacerbado y unos bríos sin nombre habrán denostado a tal grado la guerra que no habrá más motivos, después de una destrucción sin nombre, en la que unos cuántos se obsesionaron no quedará más nadie de ese carácter, será inútil seguir peleando porque no habrá nada como lo conocemos ahora, impuesto, obligatorio y fiscal. No habrá nada tan valioso como para morirse de esta extraña sensación que es haber venido a la vida.
en 332 años se calmará el furor y extinguirá la violencia casi por completo, serán breves accesos de exaltación que se abandonarán de inmediato, como la visita a la estupidez. desaparecerá no tanto por consciencia sino por cansancio. no tanto por una proeza del entendimiento sino por una saturación de aturdidera. toda construcción estará semi abandonada en el polvo y las hierbas. en 609 años se borrará cualquier indicio, la humanidad albergará una melancólica alegría entre los suspiros de sus ruinas, entre los cántaros rotos, esos guijarros y las piedras descarnadas. una sonrisa mal pintada que delatará su impotencia grácil para la que nació. la desesperación será colmada al fin. en 927 años brotará del tedio una plaga de angustia para la guerra, se volverán a intentar afianzar el celo de las propiedades. se levantarán los muros y las ropas íntimas de castidad prohibición y castigo. por un brevísimo momento la humanidad sublimará sus cimas de sangre, querrá ver otra vez la sangre correr de casi un milenio atrás. la tierra abrumada se enceguecerá en climas extremos. la sed del desierto y la tormenta nevada. el blanco y el oro. los últimos hombres perecerán agonizantes en la inanición. habrá una tierra desolada. al fin de cuatro mil años, reverdecerá la tierra entre mezclada y reordenada. los mamíferos habrán sucumbido a los cambios de temperatura extremos. los insectos se devorarán sin compasión alguna. vistos de cerca, esos pequeños monstruos serán un espectáculo del derroche de energía bélica, masacres, militares siniestros y macabras visiones. pesadillas diminutas salpicada por todos lados. olvidé decirlo, la palabra se habrá perdido por siempre. en cien mil años, el gobierno de los insectos que habrán crecido hasta proporciones no vistas por la humanidad se habrán extinguido dado el tamaño e insuficiencia de un planeta cuya escala no los soportaría. estoy hablando de arácnidos de medida humana, de moscas del tamaño de una mano humana adulta, de larvas del tamaño de un pene masculino humano. escarabajos como una casa. en cien mil años, la tonalidad del cielo que cubrirá la superficie terrestre será verde. los atardeceres marrones, la noche seguirá siendo la misma, salvo por... etc... las plantas serán casi todas moradas, marrones, violáceas, rojas sangre, hierros, sus texturas y profundidades similares a las de la carne, podría decirse que palpitarán. la tierra semejara un corazón y un día casi todas esas plantas dadas sus sustancias y su producción de sustancias harán cambiar a tal grado las composiciones aéreas que estallarán como fruta madura repletos de vísceras. higos. las formas de vida, si es que a eso se le pueda llamar vida porque no quedará rastro de signos vitales, serán sustancias que se escurren lentisimas, gigantescas trasladándose, consustanciandose unas a otras. en 6 años avanzará apenas 3 kilómetros alguna. sus sustancias y estructuras habrán cambiado por completo en 6 años. se desplazarán por el globo durante milenios cada una sin desaparecer desde el origen de su primera aparición en singular. El planeta despedirá gases que aún no están en ninguna tabla de elementos. errante, la esfera se habrá acercado lo máximo al sol posible para seguir, para poder albergar otra cosa que no sea un espectro.
¿Contemporáneo a qué? ¿Al estado de violencia? ¿Al gran saqueo auspiciado por la clase en la que se sostienen?
Creer ser original es creer que unas tristes emanaciones personales salen desde el interior de un cofre cerrado tan valioso, que si alguien se atreve a intentar ver hacia dentro de ese cofre TAN valioso inmediatamente se cierra. No vayan a saber que no hay nada. Peste si acaso.
Por ejemplo. Se es original, pero tan original e inigualable e inalcanzable, que un día, se reconoce que nada entre en esa caja hermética, origen de sí misma. Como si ningún lenguaje exterior hubiese transitado ese ser inmaculado y puro. Original de originalilandia, donde los originales pasan frente a las copias de copias de copias.
nunca hay un último reconocimiento. somos extraños entre extraños. la ilusión de las identidades definidas y finales. la ilusión del puente definitivo de las palabras, cuando todas las palabras están sueltas y es el sujeto diminuto el que se apropia y hace su mundo, con ese lenguaje falto, inválido discapacitado nulo parcial nimio ínfimo e finito infinito. cada sujeto con su lenguaje limitado se configura un mundo. configura su mirada sobre lo otro. es lenguaje, es devorado por su lenguaje. me fascina ver como son engullidos por su lenguaje. bocas que se degluten.
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