La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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Noticias y exhortaciones. Como casi cada mes, me estoy yendo al hoyo en cámara lenta. Y mientras mi imperio de cristal y arena se derrumba, intento salvar algo de lo que va cayendo irreversiblemente, y si no puedo, no puedo. Qué alegría confusa me realiza el verme ruina, entusiasmo y melancolía unidos. Harto de este planeta, cansado de su moral y valores aburguesadorriosos, de sus aburridas caras largas, de sus mandatos, sus promesas, de sus quejas. De la tarea inacabable de existir pareciera que para nada, aunque se crea que para tanto.

Puse en órbita otra vez la galería para exhortarlos a adquirir una pieza sin valor exorbitado, no porque desee que sean una inversión, no pienso que podrían adquirir una pieza por la llana razón de su avaricia, su desorden, de querer más de lo que en sí es. ¿Cabe un poco más de avaricia en este sucio y triste planeta? Para el que le interese colocar bajo su techo un objeto para contemplar y contemplarse. De no ser así, por mí, sigan pagando su barato y caro producto televidente. ¿O qué? ¿Comprar otra lata que circule diario para no ver a nadie, ni hablar con nadie, que arroje emisiones de carbono para irnos muriendo lo antes posible? ¿Con la música producida de última vanguardia y un estilo de vida envidiable?

Una amiga me dice… no seas así, no les digas eso, cada quién es libre de hacer con su dinero lo que quieran. En parte tiene razón, su trabajo les cuesta, su tiempo, su vida, su muerte. Todo junto ahí atiborrado hasta la nada, hasta pudrirse en los cementerios obsoletos. Que el mundo es una porquería ya lo sé. En el 506 y en el 2000 también.

Tengo tantas deudas con el banco y con personas a las que les he pedido prestado. Por regla general, no pido prestado más de una vez hasta no pagar mis deudas con dicha persona. No tengo cara. Y si a alguien le llego a robar, no era por completo mi deseo. El banco está a punto de enviarme al carajo. La sociedad igual, si no es que ya lo hizo con sus sentencias de culpa cotidianas continuas. Con su fiscalización diaria. Sus acusaciones. Sus persecuciones. Sus sentencias. Su orden y ahora hasta su peste. ¿Hasta cuándo inútil? No acepto ni nunca me acostumbraré a su orden del miedo por la muerte, al menosprecio por la vida. Me doblego a mí y si no, haré lo que sea que tenga que hacer. Le robaré a los bancos que tanto nos han robado. Me iré al buró de crédito, pediré a mi familia cambiar las líneas telefónicas (por cierto, familia, ¿oyeron?, empezará a timbrar desde mi sepulcro crediticio), dejaré de pertenecer a la ilusión de los préstamos. Y a vivir a raiz como todo el pais.

Por otro lado he estado programando en la página que las publicaciones se cobren en una suscripción anual a 1 dólar el mes. (Cosa que no sucedió, ahí está el letrero de donaciones y siguen haciéndose pendejos). No tengo un centavo partido por la mitad. Si quieren leer tendrán que pagar algo a cambio, no lo veo mal, algo ganan o pierden con lo que leen, no saben cuánto me ocupo en eso y como no lo saben, lo tengo que cobrar, porque sólo el que lo valore podrá leer lo que escribo. (Al final me valió y me ignoré, el arte es libre y para todos). No soy un medio para sus fines, para sus intereses. Así es y así será y si no, cada quien en su ataúd se ve bonito, lustrado, acicalado y listo para la hora exacta en que entra al eterno refrigerador, ¿no? Ahí solito mirando al infinito. Ay se me caen los ojos. Ay se me cayó la sonrisa.

Se me metió en la cabeza querer estudiar filología, dejar el arte en paz de una vez por todas. Aún no sé si estudiaré en alguna institución académica o por la libre, lo que sí sé es que necesito tiempo para escudriñar textos. Siendo esto lo que encuentro de valor, necesito de su apoyo con sus adscripciones, 1 dólar al mes no les causará dolor en el culo. Si no, continúen con la vida feliz y alegre que llevan a cabo, no pasa nada. Mi amiga me dice… no seas así, escribe, cambia de estrategia. Vende. No. Nunca he sido un hipócrita seductor de mierda, no empezaré ahora.

¿Qué más? Ah sí, otra vez la burocracia gubernamental del arte rechazó lo que no quieren oír lo que no pueden ver ni en pintura, al parecer sólo aceptan sus acomodaticias sedantes letanías para públicos exclusivos y excluyentes, para quedar bien con quien tengan que quedar bien, sus artes soporíferas, su caridad de todos los años, o su codicia disfrazada, sus pompas quesque internacionales, su esnobismo de colonia mártir prócer cáncer. Con sus aparatos discursivos, su gente bien portada, tan buena gente, cuánto habrá que desconfiar de quien se jacte de ser tan buena gente. Mínimo sospechar. Su gente que pasa por alto todo, que lo que dice es para decir que algo dijo. Bien portada de la revista alta cultura, high life, cooperativos con sus patrones, comprometidos con quién den las nalgas, palacios adormecedores de creídos, de avales mutuos en el saloncito de talco. Y que nadie diga nada ni haga nada ni les miente la madre, total duermen tranquilos los siete días de la semana, mientras todos viven en la angustia de la amenaza de sobrevivir al capitalismo que sostienen todos, sólo para unos cuantos. Todo todo todo, muy bien, tan de clase culta, tan de tanto dinero para mostrarle a los pobres los que sí es la cultura, lo que es el poder, lo que se supone que es el deseo, la economía, lo sustentable en la mentira intencionada, porque sólo sustentan al menos del 1% de los artistas. Esos artistas serviles del dinero, la que saben es su mentira arraigada en su carne sepulcro de gusanos, amantes de la culpa escindida. Un gusano eructó al final de este escrito, lo acabo de escuchar.

Difiero de que el arte sea integrado a la circulación monetaria del ámbito capitalista, un arte ahora al servicio de los grupos financieros, que lavan dinero, que utilizan el arte para  acumular bienes y que lo usan como caja de ahorro divisa, sin devaluación, ni caución perecedera. Así es como lo han devaluado, así es como mancillan la libertad, convirtiéndolo en otro de sus ostentosos objetos, mera representación de sus fines pusilánimes, otro de sus potros de tortura, a más dos siglos para sus progenies previamente caducas, herederos de la policía. Abarrotadas de caca. En un millón de años seremos nada. Somos ínfimos, y se han ocupado de intentar reducirnos a la funcionalidad de sus intercambios. A todo esa petulancia, he dicho que no, se los he restregado en la cara. Me desprecian por ello, lo sé de cierto, cada día presenció sus mortajas, sus embalsamados gestos, sus caricaturas de excelsas presunciones. Basuras que respiran. La única forma en la que las personas creen en el arte ahora es porque cueste demasiado dinero, porque el dinero les dice cómo se ordenan las cosas y el valor de las cosas, de la personas. Basuras que respiran, eso sí, con dinero. Un día una soldado me dijo, lo que tú haces no vale, ¿Dónde está tu dinero? Fue enorme su contribución a mi pensamiento.

Este último libro que escribo es sobre el suicidio, hasta ahora lo único que he hallado es que nada vale la muerte. Tengan por seguro que no me mato por nada ni por nadie. No les alcanza. El que juzga el nihilismo como una nada insustancial, que se meza en sus bagatelas de tiempo y ocupación. El tiempo, ese viejo enemigo tan aliado mío. Nunca he estado más en contra de la muerte que ahora.

Los mercados no se regulan solos, los regulan los seres humanos. ¿Por qué el mercado del arte ha decretado su condición de exclusividad y exclusión? Su cerco. Porque a menor oferta aumenta la demanda, y suben naturalmente los precios, restringen la producción y circulación de ese bien para aumentar su precio. Ocultan dentro del aura enigmática y sagrada la mentira intencionada, sacan al arte del orden de los productos, no quieren decir lo evidente, que sólo es otro pedazo de carbón, porque no les conviene, a la estructura económica construida de ese deseo instaurado, preciado e inalcanzable. Es una representación de títeres. Decir que son perecederos como otro pedazo nimio de carbón sin valor en sí. Entonces la representación cada vez se viene más abajo, cada vez es más insostenible, cada vez disque se burlan más, disque son más absurdos, se engañan entre ellos, tiende a creer que nos puede seguir haciendo creer. Es un grupúsculo de cohesión, te deglute y chingaste a tu puta madre.

A esto llegamos. Si yo esculpo un cubo de 100 kilogramos de carbón, lo valúo en un precio de 1 millón de dólares y lo vendo, seré un genio. Si lo precio en 100,000 pesos no, porque esos 100,000 pesos todos lo pueden pagar, nadie pagaría los 100,000 que representarían una pérdida. A lo que se dedican es a la aburrida tarea de tasar y representar lo tasado. Y lo otro, por metáfora convencional, legitimada por prestigio, acuerdo entre la sociedad, (que de socios no tiene nada), representa una inversión, una ganancia, un posible aumento de mis ganancias, una apuesta casi ganada por la no devaluación de un objeto supuestamente imperecedero, la plusvalía del arte, un instrumento financiero. Disque desafiantes. Las utilidades y los zombies.

Es una cultura proto-post-occidental hecha para el que vence, para el que domina, para el que gana por sobre todos, sacrificándolos a todos, rivalizando, compitiendo y obligando a la costumbre de reñir por más deudos, haciendo creer que si no eres rico eres un tonto, haciendo entrar, al que se deje, en esa carrera que representaría al fin la paz, la no angustia, la no ansiedad, de la miseria de vivir, engaño de vencer la muerte. Lo lograron aún así los veo en la misma eterna nada. Igual se van a morir y se mueren de terror de morirse, creen que no morirán. Decrepitud que simula bondad.

A poco creen que no me he dado cuenta de la mísera ignorancia en la que están sumidos, es cierto, en parte, el capitalismo los ha empujado, en parte no. A cada cual le puso su correa. El capital creó este espacio de trabajo y consumo, sin lugar para nada más, dice A.H. No ven el mundo, no ven lo que crean, sólo laboran y consumen, no hay tiempo para contemplar, reflexionar, se les ha arrebatado un posible sentido de la vida personal, una experiencia personal. Viven para erigir un simulacro objetivo, una ficción sin arte.

El gran costo del capital es el enorme sacrificio de humanos, de personas. El estimulante es no ser uno de los que pierde en el juego de ganar, en la obligación de volverse rico. Salvarse de la trituradora con dinero. EL ARTE CONTEMPORÁNEO: unas utilidades capitalistas. Hasta el baloncesto tiene mayor gracia, careciendo casi por completo de gracia, sólo se siente el vértigo de como un negro la mete. La pelota en la canasta, estúpidos.

Un abrazo

84 el abuelo alfred



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