La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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todo lo que escribo se me agolpa, como el universo al unísono viajando y volando a través de su nada insustancial e intrascendente, no tengo otro remedio, otra opción, otra posibilidad que escribir.

entre la yerba yace la osamenta del guerrero sembrada para ser casa de los grillos y las hormigas, el cráneo traspasado para ser cuenco de una rana.

a S. el antiguo escritor de tragedias, le augura el oráculo que tendrá una muerte trágica, le caerá una casa encima. en un paseo por la playa un buitre le deja caer el caparazón de una tortuga y lo mata.

La realidad tiene una fina capa que se absorbe en cada movimiento posible, infinitesimal, transparente y frágil. A punto de romperse y siempre expandiéndose, un órgano activo, elástico, reptando saltando cantando. Una cucaracha dotada de consciencia de sí misma y de nada más.

Lo que me agrada de la música improvisada en una escena inmaterial, impredecible, no repetida, ni nunca antes oída ni nunca después vuelta a escuchar, única y efímera es que no sé si ustedes entran en mí o yo en ustedes, músicos, locos, absortos. ¿Por qué el ser y no la nada? Preguntó L.

En la realidad, imaginemos que cada decisión tomada en tal dirección, en tal propósito para un hecho consumado, en aquel rumbo elegido o en el que por azar accidental fuimos puestos, existe la otra posibilidad no completada, otro que no fuimos posible, como en una rama camino que se bifurca, se nos salió infinitamente un esqueje de nosotros que vivió lo que nosotros no, otro yo de otra dimensión real. Separación continua de todos los que no fuimos, todas esas posibilidades en potencia fructificaron en un lugar invisible por siempre para nosotros, todas esas experiencias desperdigadas al infinito. Aquella persona nunca murió, nunca conocimos a tal, quizá nos enamoramos de aquella otra persona y en esa posibilidad fuimos correspondidos, la perplejidad de un instante nos cambió la vida en un giro imprevisto. Y esas posibilidades completándose en infinitos destinos a su vez truncos y fluidos, no está noción incompleta de la realidad, parcial. Y que un día nos fuera posible husmear en todos aquellos recónditos rincones que no fuimos. Shibumi.

Una serie de insignificantes intrascendentes pequeñas proezas invisibles.

     

75 libre



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