La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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El estómago se me revuelve y me da asco la belleza en un punto en que me sorprende y sobrepasa. Habría que admitir que provoca un trastorno difícil de controlar por la vía del inconsciente. Por el lado de lo consciente se suelen emplear millones de coartadas para neutralizar la ponzoña de la que es capaz. Se pueden sentir las laceraciones que acomete la belleza, deja al borde de la brutalidad, no es de sorprenderse que los saltos épicos a los que incita sean tan frecuentes y las masacres tan numerosas. Habría que abrir un nuevo códice de legalidad para toda la criminalidad que expele, con la que puede realizar sus artimañas, sus escandalosas proezas, sus aparentes beatificaciones. El tan solo acercarse a medio metro de ella crea una abismo de redes y engaños placenteros. Es para vomitarse y luego comérselo, como en efecto las bestias realizan.

El arte se volvió una comunidad incestuosa. La endogamia a la que se constituyó es de tal grado que los celos internos al seno familiar son arrebatadores (la riña por el amor de la madre, la pelea por el reconocimiento del padre). Se suceden las tragedias en cómicas traiciones, como en el senado romano se suicidaban los unos a los otros, ja. No hay relaciones externas, la faramalla de sus discursos políticos sobre el altruismo venéreo que prodiga, mera propaganda sanadora de sus culpas, sus intercambios nimios, los vuelven monos que exteriorizan el descontento de su jaula. Anonadados por la marabunta exterior que al pasar los ve, muchedumbre advertida con pedagógicos letreros, “no alimentar al recluido”, la organización interna, su funcionamiento, ya se ocupa de darles el banano sagrado. Protegen una élite que los maltrata, es raro el fenómeno. Lamen sus heridas y las del amo, es raro el fenómeno.

Nadie nunca es uno. Si uno se escucha se es dos. Si se atiende y hace caso quizá tres. Si se desobedece acaso cuatro. El que es uno cree que es uno incluso frente a otro, se cree dividido, autónomo, falaz, separado e independiente de todo y nada. Ni una cucaracha tiene tantas certezas.

hasta para bailar se necesitan dos. la velada salida cristiana, que hasta el ateo reproduce hasta el cansancio en el derecho y la economía, acaso en su vida cotidiana, como funcionamiento moral en la inercia, es que la culpa la tienen los otros, ellos no hacen nada, nada hicieron, están de oquis en este mundo sin querer sentir ni calor ni frío, de oquis, occisos. alguien tiene que pagar el precio sea como sea, de una pérdida, de lo irresoluble, de lo sin retorno. no importa quien lo comete sino quien lo pague. nos equivocamos cada vez, cometemos dos crímenes en uno, porque no hay modo de remunerar nunca nada, casi no hay equivalentes para solventar nada. la muerte del culpable no alivia sino una ira reprimida, que se cree justa y se satisface con el horror del asesinato. con saciar su sed de sangre, lo único que se consigue, es una psicosis patrocinada.

no tengo porqué hacer las cosas difíciles crueles o complicadas. si a veces hacerlas simples, sencillas, conlleva hacerlas difíciles complicadas y hasta crueles. no sé si incluso es la sed de sangre primero y después el saciarla con pretextos de justicia.

Cada mirada, ¡cuántos exámenes! ¡Cada examen! mi alma que se destila y desborda en una holgazanería que en su rabo deletéreo me atormenta. De súbito… ¡cuánta censura! ¡cuántos filtros!  ¡cuánta negatividad! ¡Y toda toda toda para mí solo! En el valle seco de los autómatas predecibles.

nadie dibuja bien, todos lo hacen mal. es algo que nadie dice, todos se abstienen de emitir algún discernimiento o enjuician con lo que alcanza su corta vista subjetiva a ver, nadie nadie nadie nunca lo ha hecho bien. no hay parámetros, los expertos son un fraude. quemé mis certificados una noche de playa arena y estrellas. el mar, que me valide el mar.

soy un imbécil y creí que había ya explorado todos los caminos de la imbecilidad, pero no... otra vez equivocándome, ahí abrí otro camino prominente hacia una imbecilidad nunca antes vista, una prodiga promesa de nuevas imbecilidades sin límite… un imbécil sin fronteras, un imbécil sin igual. toda la tarde, sintiendo la suficiente culpa para no cometer más delitos abruptos de mi estupidez. santos golpes tiene la vida, y yo ahí en medio, cumpliendo mi papel de idiota, desdeñado, orillado, cuánta culpa aún inexplorada por mis sin sentidos. cuánto placer el via crucis.

En el deber ser, el que cumple, por lo regular cumple. Por lo regular lo que debe ser o hacer, lo hace o se es, esto, en una exterioridad que le exige su cooperación. Es raro, pero, nunca he oído o rara vez se oye decir, me debo esto a mí, este esporádico deseo, este placer furtivo, aquello que me prohibí en un acto que no se debía incluso cumplir. De las peores torturas auto infligidas será el me debo esto y quizá nunca lo pueda cumplir. Deber a otro, se consigue se paga, se salda vulgarmente con dinero o una divisa provisoria y versátil. Deberse a uno mismo lo que no se vivió e intentarse saldar, casi imposible, en el intento probablemente la inauguración de una decepción consabida, un remordimiento y una constatación del fracaso que es en sí hacer cumplir el deber. Por deber se cometen tantas aberraciones u omisiones, es este mundo frustrante el que debería arrojarse por la borda de una vez por todas. Yo ni siquiera debía venir a este mundo, y si vine, no es porque debía venir.

 

78 COMSMONAUTICA



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