La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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Tal se murió triste. Tal otro, viendo hacia todos lados repleto de dudas, absorto en el olvido. Este otro, delirante y en un pánico sin nombres, arrepentido. Yo deseo morir en el inconsciente, lugar de lugares, paraíso perdido. Lo vislumbré. Inconsciente y fugaz. Una barca a la deriva y un salto. Yo, dos letras sin sonido.

La gota negra. Revisaba el lavabo y en las junturas de la llave, salía una agua aceitosa de líquido negro. Me lavaba las manos y un aceite coloidal negro se desprendía de entre mis palmas. El piso tenía esas huellas de suciedad o sustancia negra, líquida y removible. Quitaba una tasa de café y por debajo una argolla negra del mismo espesor. Fui al espejo, me tallé los ojos, y mis cuencas comenzaron a tornarse negras, párpados y ojeras, más y más negras como de un maquillaje corrido, no dejaba de llorar, mi rostro se embadurnó de negro. Ya sólo mis dientes y ojos eran blancos. Estaba inmerso, tragado en lo negro, para siempre olvidado, sin retorno. Alguien chasqueo los dedos, como si diese a entender que eso es la vida. Un instante repleto de… nada. Amaneció, el sol seguía ahí, me alegraba de estar ahí, chiflando inconsciente y desnudo, frente al espejo vencido.

  Pertenezco al olvido. (Fundiéndose en la nada, un sonido de pájaros, el calor del alba, un paro cardiorespiratorio).

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