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la vida auténtica nos dice, ser yo de tal modo que cada cosa que diga se pueda saber quién soy yo, hacia donde iré, y se pueda saber con mayor probabilidad el futuro preciso de lo que supuestamente sé, de mi saber en tanto que expresión de lo que digo ser. un auténtico yo, inmaculado, no tocado por la vida.
Si fuera músico en esta época probablemente me agradaría en eventos vivenciales explorar la improvisación del instante. Y para el internet componer y grabar versiones cada vez reinventadas o huidas de eso que hice para hacer otras músicas, elaborar a consciencia una obra interminable no misma. Creo que habiendo estas nuevas plataformas no me adaptaría a componer una canción y después repetir miles de veces, como una marioneta, hasta que los oídos mancillados suplicaran que no se reproduzca más esa tortura del tiempo y el espacio. Me aventuro a especular, porque es mi primera profesión frustrada, a los 9 años quería y fui necio ante la imposibilidad como por 8 años. Tenía el deseo y cero noción ni oído para hacer o percibir sistema. Lo deseaba tanto que me lo prohibí en el inconsciente. Escucho en exceso, es delicado y sensible el escuchar, hasta un miserable argumento me golpea, creo que hubiese atormentado audiencias multitudinarias, saliendo triunfante, victorioso, pusilánime.
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