La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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Entramos, cogimos mesa para dos contra un muro blanco decorado por unos búhos de cerámica hechos por J. W. Ella comenzó a decir al respecto, no recuerdo qué, no hay día que no viva dentro de un sueño que está dentro de otro sueño. Comíamos la sopa de avena que hace del lugar el lugar. El fuego de la parrilla abriga. Frente a mí una mujer de rojo me mira. Adivino o deduzco que cree saber algo de mí, me ausculta. Empieza a hablar en voz alta, de que sigue a un escritor en el ciberespacio. Entona, sube la voz, habla de que esos escritores para qué escriben lo que escriben, relatos que no llevan a ningún lugar, sin objeto, que no tratan de nada, de vez en vez, me voltea a ver como si me conociera de otro lado. su mirada fija en la mía mientras exclama. Hace un ruido entre su mesa, hace ruido en aquel lugar, se desordena. Los otros en su mesa no se dan cuenta que me mira de vez en cuando, yo estoy escuchando a A. en otra dimensión en otro volumen hacia otro lado desde otro extremo. Se levantan, llegaron antes que nosotros, ella pasa frente a mí roja, roja, entre esas sombras de personas grises, me mira como diciendo hablo de ti embustero, me limpio con mi servilleta mi pequeño bigote irrisorio de funcionario estatal, tratante de aguas negras, para el servicio público nacional. Es evidente que no entiendo ni a.

esto sucedió en defensa de sus intereses, nimios o relevantes, esto nunca nadie lo supo ni nadie lo sabrá de cierto, sucedió en un subtexto que nadie creería, por eso lo callé, para qué levantar sospechas sobre las sospechas, me tildarían de extravagante de loco, esto sucede en un ámbito social que no habla de frente sino con todas las barreras las claves prejuicios de sus mismos ámbitos ambiguos y privados, soslayados, en la erección de unas consciencias que dicen saber lo que saben, no lo que desconocen, que resultarían en un vértigo tácito de quien actúa con lo que dice saber. por eso, estos actos se llevan a cabo en el subterfugio, que nadie note mi locura, la propia, sino que yo pueda enunciar la locura de los otros, "los que sí están locos".

El frívolo espectáculo de nuestra muerte.

Imagino que hay una infinidad finita de lo que me es insoportable, sobre estos tiempos, los prejuicios de los sabios. Aborrecibles.

Ni de izquierda ni de derecha, si esa gente sólo quiere que seas como ellos creen que son. Como la versión inmaculada de sí mismos, puros, e insospechables, o la versión que piensan que creen que son. Ser como nadie y no porque sea una lucha de autenticidad, sino porque simple y categóricamente es imposible ser como nadie más.

la sociología cree que si disuelve sus discursos en la paja de sus letras hace menos daño, procreará menos mal, orientará menos a los perversos que la terminan por utilizar para su provecho. esa tarea de tratar de disolver sus discursos en la paja de sus letras causa el efecto contrario, provoca daños, insufla el mal, instruye a los perversos que la comienzan a utilizar a su servicio, para su beneficio. la paja de sus letras disuelve la siquiera advertencia del mal.

el mito del individuo es fascinante. uno solo, indivisible, reunido en el conjunto de sus experiencias, con su historia plausible lineal, sus recuerdos intactos, sus vivencias ficticias reales y verdaderas. un holograma hecho y derecho.

   

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