La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
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Quizá se da cuenta de que la libertad es de la piel hacia adentro y no de la piel hacia afuera.

Qué horror. Desde niño, cuando los otros niños querían ver una película de terror y se reunían en corro frente a la pantalla lumínica asombrados y expectantes. Deseosos de ver… yo era el niño que huía de ahí. Me alejaba, intuía o al menos todo me era tan real, que prefería no ver. Esa es una de tantas situaciones que me hicieron preferir la soledad. Parece el argumento del inicio de una película de terror. No lo es. La no realidad no lo es.

La fascinación seductora de la mirada del depredador que bajo encantamiento atrae a su presa, que, rendida cae enamorada del goce prometido en la devoración de su propia muerte. Goza en el suspenso de la agonía. Es la mirada de la víbora rítmica y lenta, que se acerca, frente al canario que no deja de cantar alegre.

La consciencia no es algo que se tiene “per se”. Cuando se tiene consciencia, se tiene consciencia de algo. Y ese algo así como aparece desaparece, se cruza ante la vista dos instantes y se va. Lo que se retrotraería ni siquiera es la "misma" consciencia de esos dos instantes, porque además, es imposible. O se es idiota, que es lo más común, el idiota que cree que tiene consciencia. Si se está lúcido a esa fugacidad la noción de consciencia es imposible en tanto que colección infinita de recuerdos reconstruidos en la ficción del tiempo, una cascada de naderías. Los parapetos de la razón, no son mas que diques de un mar que sobrevendrá sobre esa pretendida tierra firme.

Es curioso que los intelectuales hablen sobre la inmensa ignorancia que nos rodea. Y que ni siquiera mencionen ni por asomo, el infinito e inabarcable inconsciente. Inaprensible.

Me concentro para dar en el blanco. No lo comprenderán jamás, es agotador. Me desintegra cada vez más de lo que me podría reunir. Por otro lado, he visto de reojo, sin que noten mis ojos, los he estudiado en secreto, como les place la dispersión. Se mienten y nos mienten. Juegan a creer que nos hacen creer.

Ver sin ser visto. En el silencio. Sólo la profundiad de una existencia frágil que se convulsiona en su exterioridad, oscilando entre el milagro de lo imposible y la puerilidad grotesca de la energía sacudiéndose, esta erótica fuga que se contonea, en lo que perece.

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