La roca del tiempo

PUBLICACIONES

Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
páginas

SEGUIR - FOLLOW

COMPARTIR - SHARE

Facebook Twitter

REGRESAR

SIGUIENTE

69



vivir rodeado de eminencias, aterrorizado por las inminencias. el funcionario de arte aún trata de buscar realizar un efecto sobre el ambiente, la atmósfera, los individuos extrapolados, la política y el precio del aguacate en la bolsa internacional que explota asedia asfixia medio continente. se auxilia con su auto ridiculización, su auto humillación, su comedia valuable con la que se flagela a goce. no traje cubiertos al museo para tragarme todo este aguacate del diablo. ¿Qué haré mientras se hunde el continente en guacamole?

Sólo es necesario detenerse un momento. Enlentar el paso con respecto a la velocidad de los otros, de la normalidad brusca y tosca de la productividad material, de conocimiento, entretenimiento e información, verlos en su precariedad, fuera de sus fantasías delirantes de lo que creen que son, para admirar, con ojos abiertos como platos, la repugnancia del ser humano. Su cara simple y verdadera que es repugnante.

tras las guerras últimas del siglo, las guerras en las que quedó claro que un lugar civil podía ser devastado destruído abusado violado, vejado hasta la peor de las humillaciones, quedó claro, que la rebeldía era un asunto de normalización y mercadotecnia. una publicidad barata para pasar el tiempo pretendiendo ser algo, lo que sea. yo ya me compré el sombrero con todas las insignias, boleo mis zapatos para encender la televisión en la que aparece la más reciente de las guerras, la de todos los días.

N. era un culo como no te lo imaginas, discreta, atlética, su cara era extraña, común a cualquier otra, la desentonaba una nariz larga y delgada a lo cirano, que hacía el conjunto extraño, morena cobriza mediterránea u precolombina. uno fantaseaba en las líneas de su cuerpo audaz. mestiza de estas tierras que ves. parecería que dadas las acotaciones circunstanciales del tiempo y la propaganda, lo panfletario de los movimientos libertarios, no pudiese hablar un lenguaje soez y de una eroticidad sana, nombrando siquiera ese pedazo de culo inimaginable. tenía un culo por el que hubieras matado para conseguirlo, esa es la vil triste y desdeñable realidad de la condición masculina. no puedo ser un puerco. y no era tanto la forma, sino el contoneo que traicionaba a la mirada, ejecutando un hechizo demencial. te comía el cerebro sin darte cuenta y no dejaba nada. hicimos equipo de trabajo, me tenía sin cuidado su sensualidad. siempre me había huido la conversación frontal y no soy de los hombres que se ponen a perseguir piernas, prefiero el click del revólver, o todo o nada. más por pereza que por orgullo, soy un hombre perezoso. trabajar cansa, trabajar una mujer devasta, agota hasta el aburrimiento, es hastiante hasta el tuétano. hacíamos una conferencia sobre una cultura mesoamericana. juntábamos material y el equipo quedó de que cada cual, ella y yo, buscara a sus anchas lo que expondría. confiado, sabía algo, había leído con anterioridad aquí o allá. busqué otro tanto para complementar. el día anterior a la exposición, recibo una llamada, era ella. me preguntaba que cómo iba, que si tenía todo listo. abrumado por su voz. sí, con desparpajo, empecé a hablar lo que diría. el jaguar era una figura de poder, así como en nuestra cultura lo era un ferrari rojo cromado con una rubia portentosa, despampanante, de copiloto estimulante, etc… hablé de los lujos del poder y lo ostentoso de la guerra, el derroche de sangre. abrí mi relato para que ella, en fin, que se oía angustiada, se ubicará para el día siguiente. hice un extenso y pormenorizado recuento de toda mi investigación. al día siguiente, oh dios, odios, odios, odios. al tocar nuestro turno, le cedí la palabra, ella se adelantó, dijo TODO, sin falta de un detalle, de lo que una noche antes por teléfono yo había pronunciado de principio a fin. maravilloso N. dijo la maestra. no pude decir nada. sudaba frío, en el bochorno, la angustia acudía a mis agallas, me temblaron las rodillas. no recuerdo bien, salí al paso, dando traspiés, improvisé con las imágenes y la traición entre mis nudos extendiendo el discurso lo más que se pudiera. ella con sus encantos obtuvo un merecido 10 virginal, yo un pusilanime 6 muestra empobrecida por constituir otro tanto de su relato, sólo un seguimiento a lo que ella había desarrollado, se notaba que yo no había investigado, jsjsjsjsjs. era un culo por el que dabas lo que fuera, invadías patrias, derrocabas tiranías, apostabas toda tu herencia, vendías y sepultabas a tus amigos. era real, cuando la veías agacharse, podía asomarse arriba en el borde del pantalón, una auténtica raja culera, y yo ahí, el auténtico imbécil que se la tragó completa. La venganza se come fría.

El abuso comienza a ser cuando alguien dice no, al ser trasgredido ese no, es cuando comienza el abuso. A veces no se puede decir que no. ¿Y eso qué es? Ese límite pasado por alto en una situación, sin los preceptos de sentido y definición de la cultura en ese instante, sin las identidades sobrepuestas por la ley imperante de la normalidad de un momento, sin las supuestas prevenciones en el caso de que funcionaran, o las categorías generales “estables" que sólo sirven a quien desea ostentar un poder. Sin nuestras máscaras que se desfiguran, que no corresponden a la pugna de la ley cada vez más ajustada y apretada, cada vez más prohibitiva e incitadora de los brutos, de los sin remordimientos. ¿Qué es? ¿Qué hay cuando no se puede decir que no? Y aún así sucede lo que sucede. ¿Qué queda? No solo quiero suspenderme en el sitio de lo entredicho, cuando no se pudo decir que no y no nacía el placer de decir que sí. Cuántas veces pude haber hecho de un drama una tragedia. Cuántas veces dije que no a la tragedia. Cuántas veces no me he dejado arrastrar por la tragedia sin siquiera decir que no, incluso sin convertirla en otro drama casero y rastrero, lágrimas y vergüenzas. Parezco un indolente, una vil piedra, es cierto. Son tantas, que serían insoportables para un mortal normal, lo que se dice normal, uno de esos que se convulsionan y retuercen como gusano por nada, ese que prefiere con su grácil e inocente dedo señalar, gozar en la acusación. Porque entonces tendría que hacer girar toda mi vida por ese hecho, y utilizarla de punto de apoyo ¿para qué? como una norma del dolor y un advenimiento resignado. De maldito santo, lo cual, disto de ser, por ser un apóstata de sentido. Una piedra sin consciencia ni inconsciencia atravesando la tienda de cristalería fina sin valor en lo absoluto para mí, chácharas transparentes, ruinas anticipadas.

Los oradores astutos hablan sobre lo que no es o aún no es y es probable que sea o que no sea, nos hacen pender de un hilo cruel que oscila entre lo que deseamos y lo que no queremos ni ver. Los oradores soporíferos hablan sobre lo que creen por convención que es, lo que se supone todos sabemos, o deberíamos saber, y creen encima, que queremos nos reiteren en comunión con un dios de mercachifle, consecuente a sus tristes fines. Se llama significado, ese es el nombre del somnífero, un somnífero letal, sin angustia, es el anestésico por excelencia. El saber del sabio. Sin dolor se está muerto, hasta una brizna de hierba tiembla con el aire que la traspasa. Lo justo sería que todos ganen.

¿Ustedes creen como yo creí que el abuso sexual sólo se da de hombre a mujer? En efecto hay que borrar todas las fronteras, y en efecto para ello el lenguaje es limitado como creer que lo puede decir todo al pie de la letra o que sólo ocurren ciertos esquemas o patrones. Esa idea loca de buscar tendencia y lógica, a lo milimétrico e intrincado. Nunca se puede decir todo, siempre volverá a faltar otro relato, otra versión, otro ángulo, otra noción. Esto me lo corroboró una mujer. Sin dudarlo, aún así, la historia de la mujer es la de las desventajas, la de la reclusión, la abnegación de su sentir y su deseo, de la represión sexual, la de una violencia institucionalizada en los actos mínimos constantes y hechos atroces, violencia en la sombra, invisible, normal... por supuesto que también figuran con un látigo en alguna escena e incluso como cómplices del terror. Nadie se salva. 

     

69 vitruvian pole



REGRESAR

SIGUIENTE

SEGUIR - FOLLOW

COMPARTIR - SHARE

Facebook