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Dice; al nacer de inmediato se está muerto. Hay una predisposición en el primer respiro. Si bien no se nace muerto. Se nace para un día morir. Se vino de ningún lado para ir a ningún lado. ¿Se recuerda lo que es no estar aquí? ¿Cuándo se empezó a comprender y formar el imaginario personal? Esto es esto, aquello, lo otro, yo. Se hunde en un no recuerdo sino en algo que no es… ¿un sueño? Se queda toda la noche viendo imágenes que pasan a través suyo. ¿Que qué son? ¿Tendrá nostalgia de no ser, de ebullirse o expandirse sin propósito, de dispersarse sin fin ni reunión?
La irregularidad del agua. Las redes de interconexiones que desde la partícula ínfima van hasta el universo. La red de interdependencias mutuas entre lo particular hasta lo universal, no hay nada independiente, ni nadie. Todo toca a todo sin aislación. El esclavo depende del amo y el amo del esclavo. A veces he entrado en el catálogo moral de algunas entidades como una X enorme, un vórtice u hoyo negro, que, sin saber las mismas entidades me han puesto a girar hacia sí, ellas mismas se atraen a mí, en una hélice cuyo sonido da cuenta. Las leyes de la física que imperan en nuestro universo me dan esa cualidad, si ocupé algo, fueron esas leyes, y en el desconocimiento, me otorgaron el poder con sus reacciones, me avalaron. La irregularidad del agua y sus conformaciones asombrosas, de todas formas, me han hecho ir hacia lo desconocido. Hacia, quizá lo que ningún ser en su sano juicio haría. La curiosidad de adentrarme en la antimateria, o el reverso de las naturalezas ordinarias, de lo invisible a través de lo visible. Desde niño quería estar a oscuras en mi cuarto, transitar los cuartos a oscuras, sin ver, siendo tocado y tocar. Después las imágenes me raptaron.
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