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la pintura nos tranquiliza porque pensamos que sucede dentro de alguien mas no yo. la fotografía no, porque en ella nos sentimos observados, sentimos que pertenecemos a ese sitio de alguna forma. en cuanto que somos testigos, en cuanto que se espera nuestro veredicto, nuestra palabra que garantice una experiencia saludable, resultado verificable que se pueda constatar. nos hacemos parte de una experiencia que consideramos real y verdadera, compartida. el error de la verdad, de lo verificable, de la comparación que me arrojaría hacia una certidumbre. hacia la ilusión de identidad. yo no soy yo, soy eso que veo ahí y eso es lo que he aprendido que es. la verdad. de lo único que estamos seguros es que un día moriremos. nadie sabe cuándo o cómo. ni nadie ha comprobado nada de nada. las personas con fe, deambulan aquí en la vida como vehemencias seniles. ¿los has visto, sus miradas febriles, sus palabras inconexas, sus mentes errabundas, sus delirios grandilocuentes? nadie ha vuelto o dicho estuve ahí: esto. no hay experiencia de muerte posible.
fingiré mi muerte ante los tribunales para que suban los precios de mi obra, cobraré desde bahamas o suiza, con pasaporte falso. no daré entrevistas ni tendré que ver a nadie. responsabilizarme de ninguna declaración de ningún tipo, ni tributaria ni argumentativa. no atenderé llamadas. no justificaré nada de lo que haga ni diga. no habrá justicia ni injusticia, nada.
me ha impulsado un espíritu de disidencia responsable y desobligación.
se convertían en colibrí. los sacrificados subían con honor sin disputa por la escalera de la serpiente emplumada. nada de símbolos o escudos de malditas serpientes sediciosas devoradas por águilas emblemáticas, honoríficas salutíferas. los aztecas no tenían la consciencia que tiene occidente. un aire de extrañeza aún exhala ese encontronazo. no veían en nada mal, ser arrojados desde esa altura del templo, después de ser despojados de su corazón con una piedra. se convertían en colibrí, el protector de guerreros. esta mañana desperté queriendo haber sido sacrificado, que me arrancaran el corazón, quizás lo fui. la serpiente se traga a los roedores de la milpa. y después, después naturalmente vuela.
un suicidio no es el suicidio. una persona que se suicida no son todos los suicidios. no hay un solo suicidio, hay una multiplicidad de vidas que se arrebatan por su propia mano y no. no está esa muerte misma.
todo se lo lleva el viento.
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