REGRESAR
SIGUIENTE
A veces, casi nunca, tengo amigos, ni los poseo, se pueden ir, los puedo dejar. Casi nunca me aventuro en la farsa de sus vidas o trato de negar la farsa de mi vida para encajar obligatoriamente en la suya. Esto es, parece un requisito que apruebe su frenesí y niegue el menor detalle de mis mentiras escritas vividas o soñadas. Por eso no tengo casi amigos, parecería que tendría que amar su representación sobre la tierra, cuando lo que sugieren o suplican es que uno ame su ego incondicionalmente, que mínimo uno se restriegue en su ego como un gato a una pierna caliente. Es asqueroso, si se lo piensa con escrúpulos. Es tanto más asquerosa esa demanda como lo es que yo llegara a cumplirla algún día, cosa que nunca haré. Por eso deploro las amistades pobres. Aspiro a una que de inmediato queda fuera de este mundo, que parece imposible, y que es un desencanto en cuanto que es altísima, y, marea a los bobos.
REGRESAR
SIGUIENTE