REGRESAR
SIGUIENTE
Cuando me he querido suicidar, lo planeo. Estoy ahí en la cama llore y llore quiensabe por qué sin remedio. No recuerdo los motivos por los que lloro ahí mismo, esas lágrimas de sal. Lloro ahí mismo, se me juntan más y más motivos hasta que comienzo a planearlo para desahogarme. Me dirijo a la playa, encuentro una barca de alguien ahí tirada, como un cadáver seco. Coloco una cámara que grabe mi huída desde esa barca. Oprimo el botón, saludo, me hago un retrato que no verificaré haya salido lo que se dice bien. Me alejo como A. Yendo y yendo hacia el mar, haciéndome diminuto hasta perderme a la vista. Allá donde ya no me ve la cámara, estoy helado, agotado, con los labios morados, suspendido en el negror del mar, flotando en la sal, la sal yendo, hiendo mi cuerpo cuchillo hasta el fondo del mar. A que me arrastre la corriente subterránea. A que me trague casi de inmediato.
A ver que puedo sacar. Que puedo conseguir. A ver si me lo dan. Espero que siga ahí esperándome. Que nada se mueva. ¿El estatismo o el estrabismo? Ambos.
¿Han estado junto a alguien que se ahoga en el agua? ¿Sentido como se desespera y tira y empuja y se monta y jala patalea golpea araña manotea y te ahoga junto con él? Helo ahí: el arte, impune, falaz, majestuoso en la belleza finita. El ahogado que ahoga.
Estar en las estrellas. Por sobre la guadaña del tiempo cegando los campos de flores, los ojos.
REGRESAR
SIGUIENTE