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La colección de apuntes es una serie en la que inauguré un método de escritura no explorado por mí, es decir, cómo es que escribo, por tiempos aislados. Desde el primer libro comencé a realizarlo no de forma periódica, necesitaba salir del ritmo del tiempo, de los acontecimientos, de lo que los otros viven, del tiempo de las experiencias, de lo que se espera y no llegará jamás. Los primeros dos libros, los escribí yendo entre tres o cuatro extractos, lanzando y confeccionando esos perros de nieve, de trineo, a medida que avanzaba se volvió más pesado ese trato, la carga fue excesiva. Lo abandoné por la fuerza de tiro, para salvar a los perros exhaustos, se desplomaban. Porque agudizar cada extracto era desesperante, obedecí a mis sensaciones, no lo quería forzar a decir lo que no se puede decir. A partir de un momento no dado, un momento que llegó a aparecerse, a esclarecerse, me di cuenta de que podría escribir con una antelación sin precedentes, desde un momento que no pudiera recordar que fue. Que podría dejar asentar esos extractos en un sótano sombrío y seco, para cernirlos meses después, moldearlos sin tanto falso compromiso, ni siquiera los revisé con ese tiempo que los dejé en el subsuelo a madurar. Los saco, los pongo sobre la mesa y a veces los transformo a tal grado irreconocible a sus propiedades últimas, a lo que les pertenecía. Esculpir en la mantequilla, esa grasa, ese costoso material de la industria alimenticia. Saco esas esculturas al sol a que las devore el sol, el viento la lluvia, las moscas y las larvas de las futuras moscas… Con su velocidad de moscas y su cotidianidad de moscas, y su revoloteo de moscas, todo lo que las moscas saben hacer muy bien. Moscas que a su vez tendrán otras moscas que a su vez... etcétera pretendidamente infinito. ¡Todo es pensando en el futuro!
Me puedo dar funeral de tanto en tanto. reírme desde el fondo de la sepultura, aturdirme. Decirme, ¿qué he hecho? ¡soy diminuto! No he hecho nada de nada. Nunca puedo obedecer ni a las figuras gramaticales.
En este planeta, cuya economía es la irradiación y la consumación en un perpetuo cambio, que toda vida se consume como un fuego incandescente extinguiéndose en ilusiones inaprensibles. ¿A quién puede interesarle el mañana?
la lógica me dice que no crea en eso de no comer animales. la lógica me dice que crea en que no haya industria carcelaria de animales para la alimentación de esclavos, que a su vez se reproducen, para trabajar para que crezca esa cadena de alimentación y trabajo, para asesinar animales, esclavos y más y más esclavos, y más y más asesinatos. y más y más amor. fábricas de humo con fauces mecánicas, de culto a la muerte con su cibernética pseudo consciencia. asombrosa aturdida angustiosa muerte de cadenas. la muerte el amo. la naturaleza fue su amo, la dominaron hasta devastarla, no la respetan no la aman, la odian se odian nos odian a todos.
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