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la emoción de morir, de una muerte inaudita.
la especulación para las obras de arte beneficia a un pequeño circo de pulgas entrenadas, condicionadas. y en complemento perjudica a todos los artistas capaces o incapaces. solo quería recalcarlo para que no lo olviden la próxima vez que ejecuten sus admiraciones, sus suspiros, y se desvivan en devociones idólatras superficiales de su cristalería banal y efímera, ilusoria. de nuestras muertes escurridas puestas al sol. el pobrerío sosteniendo al riquerío.
queremos que se mueran sabiendo que son y que fueron mentira intencionada, planificada, esquemática y verificada. una máquina de cálculo. en el centro profundo de su corazón, pulsión, que lo sepan, que se mueran, deseamos que se mueran, frenar sus corazones. artistas politiquillos, untando sus traseros en la economía corporativa neoliberal. les di papel. un día me agradecerán que les diera papel para el abandono de sus casas blancas en las que no hay ni papel.
utilizan las palabras nihilismo y cinismo, como si los escuchas fuéramos sus prostitutas ignorantes ingenuas y prestísimas. (mal pagadas, y mal cogidas, dicho sea de paso). eso sí, los traicionamos a placer, por putos.
fijar la mirada en las palabras para vilipendiar o exaltar los valores de una época: usan la palabra brutal como creyendo que escapan a dicha brutalidad con sus acusaciones juiciosas de autoridad crítica racional, de mercaderes del conocimiento, transando con sus baratijas, cuánto por este vidrio molido en su boca, cuánto a que escupa en sus gargantas. utilizan la palabra obscenidad como utilizan a sus esposas, como si fueran decentes personas, en la más pura mentira abnegada de alcoba retenida.
la parodia de mi vida es que quizá todos sepan quién soy, excepto yo.
a veces hay siempre un agente que está ahí día y noche, regañándome por lo que hago. yo me burlo de ese agente que queda invalidado para siempre. lo aporreo con un palo, es lo que pide. salgo con un palo y lo aporreo duro. duro con el agente, en silencio chilla como un perro fiel a sus amos. el agente se congoja como un perro encadenado y me quedo viéndolo. ¿no era eso lo que pedías?
no puedo profanar la poesía ni volverla sagrada. una raja violenta. en unos años unos papeles al viento, una comisaría de poetas castrosos vacía. un acantilado sin pintor ni contemplación. el aborrecer la aberración de la ciencia constructora destructora, con sus clínicas y gente paciente. si aquí sólo hubo desesperados y aplastados. de los autores autoridades autoritarias autorizados de una episteme nimia y vara agitada, presumible. odio al pilar de la verdad occidente con sus dientes afilados y sus ojos desorbitados racional-mente. escribo poesía en los funerales de sus mentes abarrotadas de nada de nada. de nada. de sus días de nada.
en la noche soñé que me ponía el sombrero negro. no me explico nunca nada, hoy se murió mi tía. me pongo los zapatos negros de niña, le pregunto si quiere que me ponga el sombrero, tendría que meterme a esa cueva a buscarlo, le digo. no te lo pongas, dice. ven.
yo nunca tengo palabras para nada, soy un ser vacío. no como ustedes, que tienen palabras para todo.
enterramos a nuestros muertos. vivimos a nuestros maestros muertos. con espejos en los elevadores y gente fofa que dice mirar. añoramos y extrañamos a los que fueron nuestros queridos maestros, no a los otros, que nos intentaron matar con la comprensión de sus narices.
los pobres exaltan la vanidad de su corazón pequeño. los ricos su intelecto fútil y desgraciado. el borracho se toca el hígado como habiendo recibido un balazo por traicionar a la sagrada familia. los deportistas cultivan un músculo jugoso e inútil. el carnicero saliva y los mira con recelosa ansiedad.
siempre he sido hedonista. ustedes están en su justa razón de no serlo y de odiarme de que lo sea. no es mi culpa.
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