La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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Los relojes avanzan en el siglo xviii, son el prodigio, y la iluminación del siglo. Con ese conocimiento acumulado que la incipiente ciencia metódica realiza, los autómatas son llevados a la perfección. Imitar a los seres vivos se convierte en la subyugante obsesión del siglo. Construir máquinas cuyo carácter procesual las hiciera funcionar en un símil idéntico a la madre naturaleza. Músico, conocedor minucioso de la anatomía y la intrincada mecánica, Jacques de Vaucason nacido en 1709, desea demostrar mediante autómatas los principios que rigen la biología. La circulación sanguínea, el proceso digestivo o el milagro de la imperceptible respiración son funciones que sus autómatas tratan de emular. Crea un delicado flautista, figura con forma de pastor al tamaño natural, el rostro es de madera laqueada, y tiene la mirada piadosa de los santos. Toca el tambor con ritmos saltarines y la flauta que hace elevar el espíritu con un variado repertorio musical angélico. Anonada por insólito, maravilla en lo increíble, es lo nunca antes visto. Crea un pícaro tamborilero, una versión coqueta que toca una veintena de melodías juguetonas. Es el espectáculo que resuena en los poblados, de boca en boca se esparce la proeza de sus ensamblajes a los que los pobladores acuden en los itinerarios que realiza por el reino. El afamado y que asombra a las audiencias al grado de la estupefacción, es el pato con aparato digestivo. Transparente, compuesto de más de 400 partes móviles bate las alas, come y realiza la digestión. Dicha ave imita al milímetro el comportamiento real. Los niños se le acercan para corroborar que no es un sueño. Aunque dicho pato, era un engaño, ya que el grano que comía se alojaba en un compartimento interior, y de otra parte salía algo parecido a un excremento, antes puesto ahí. Pasados los años Vaucason se cansa de sus inventos, arruinado, viejo y hostil, amargado por la ingratitud de su público cada vez más escaso, vende sus obras en 1743, para morir de frío en un granero de la región. Nada de nada imitará nunca la naturaleza, declara en sus últimos suspiros.

En el siglo xviii Friedrich Von Knauss es el creador de los primeros autómatas escritores. La compleja rara y peculiar creación formada por una esfera sostenida por dos águilas de bronce, en la que la figura de una diosa sirve de musa al autómata que voltea para observarla. Con su largo brazo escribe en una hoja en blanco, con la cadencia de un escritor real, lo que previo se le encomienda con plausible instrucción. El sistema funciona de modo que es capaz de hacer que el autómata moje la pluma en el tintero para poder escribir, y cuenta con un sistema para pasar la página cuando ésta queda escrita. Ee pronto, levanta la cabeza, se lleva la pluma a los labios y pareciera que piensa. Hay que tomar en cuenta que es incapaz de escribir por su cuenta, inventar. Necesita de una orden, un plan, y una historia acaso susurrada al oído para ponerse a trabajar.

El mejor conocido por su destreza e ingenio al crear autómatas de la historia de estos artilugios es el suizo Pierre Jaquet-Droz, nacido en 1721. Fue responsable de tres autómatas deslumbrantes para el siglo. Las tres obras maestras que dejaron boquiabiertos a todos son la pianista, el dibujante y el escritor. Hay que tomar en cuenta que ver estos instrumentos con apariencia humana realizando tareas, no era algo ordinario. El asombro que ocasionan en la época llega al punto en que los reyes y emperadores de China, India, y Japón, contemplan y admiran atónitos la escena que los extraña como venida de un mundo de fantasía y al mismo tiempo de horror, por la imaginación que estimulan e incitan. La pianista es un autómata, con la forma de una mujer diamantina, que toca el órgano, con la particular curiosidad, de que la figura interpreta las obras al pulsar las teclas con sus dedos sin tener el sonido pregrabado o procedente de otro lugar. Compuesta por 2500 diminutas piezas, puede mover los ojos, dirigir la mirada del piano a los dedos, inclina su cuerpo con gracia y sensualidad, respira y al finalizar cada tema realiza una reverencia, poco le falta para hablar. Hipnotiza. El dibujante está compuesto por 2000 meticulosas piezas articuladas. Con forma de niño, se sienta en un pupitre, puede realizar hasta cuatro dibujos distintos. Imita el comportamiento de un dibujante, los movimientos, mientras realiza la tarea mueve los ojos, las manos, e incluso  sopla el papel para eliminar los restos del polvo de lápiz, se diría que casi habla. El más complejo, es el escritor, hecho de 6000 piezas ensambladas en un laberinto del que nadie puede salir al haber entrado. Puede escribir al utilizar una pluma gracias a una rueda donde se seleccionan los caracteres uno a uno, va a la letra. Los textos que escribe son pequeños de unas cuarenta palabras de longitud, y cuyos mensajes pueden ser sugeridos de antemano. Parece un ser humano a escala, de espaldas podría serlo. Realiza movimientos como mojar la tinta, escurre el sobrante para no manchar el papel, levanta la pluma y la suspende en una pausa elocuente, respeta espacios, puntos, y aparte de todo sigue con la mirada el papel y la pluma mientras escribe.  Está a nada de decir algo y ocasionarnos un infarto.

La fama de los autómatas de Von Krauss y Jaquet-Droz, llevó a varios ilusionistas, prestidigitadores, charlatanes, faranduleros, saltimbanquis, maromeros, gente nómada de circo y feria, a incorporar trucos con autómatas en sus espectáculos. Jean Eugène Robert-Houdin, crea autómatas que aunque mecánicos, se acercan al mundo de la magia o la insinúan. Destaca un busto de cantante que muestra un sistema de engranajes, con el que se dice la figura canta. Profiere canciones populares que la gente reconoce y a las que se acercan como abejas a las flores. La realidad es que detrás de ese mecanismo se halla una cantante auténtica, y la muñeca sólo derrama esa gestualidad aparente que fascina. A su vez, sin ir más lejos, es responsable de un autómata que dibuja por encargo lo que el público le pide. Sin chistar se mueve a la orden de lo solicitado y sus dibujos hacen reir a la gente por su infantil gracia. O el truco del autómata llamado “El pastelero del Palais Royal”, que le trae al mago los fastuosos platos y dulces bebidas que éste le solicita sin remilgo alguno.

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