La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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06



No voy a mentir. Leo, porque siempre he sido muy ocioso. Descubrí que ahí podría estar en cualquier lugar sin estar. Que iría más rápido a conocer lo que fuese. Que habitaría la intelección, la vida, las experiencias, navegaría por sus pensamientos tal cual fuesen. Estaría anclado en el lenguaje de otro. Además, al escribir, entendí, que ponían toda su vida en ello. Extremadamente generosos.

Él se suicidó. Lo primero que me cruzó por la cabeza fue que no había sido así. Que entraron seres altos y oscuros, ocultos, sombras largas, lo colgaron, le quitaron la piel y se lo llevaron. Lo sacrificaron. Porque él así lo quiso. Dejó la cáscara escurrirse hasta secarse para horrorizarnos, por completo, a propósito. Nos mató.

se sentó en la arena. las sombras se aproximaron. cada una fue entrando en su cuerpo que no vivía ni moría. alimañas lo recorrían con sus patas por toda la piel. trepidante. cada orificio de su ser exhuma líquidos viscosos. se torna rojo por la combustión hasta de forma gradual irse secando hasta convertirse en cenizas. sopla un viento recio que lo desaparece. nunca lo vuelven a ver.

tantas veces he muerto. tantas.

su boca sabía a sardinas. el aliento que despedía su boca era de sardinas. no se podía acercar uno a él. era muy fuerte ese olor. era una defensa antisocial, o él simplemente era un gato.

Hay una “ley”, que dice que sólo lo que debes es lo que recordarás. Nada de lo que te deben lo recordarás. Es una ley del cumplimiento, la tranquilidad, la confianza y hasta la felicidad. Yo sé que si no te pago lo que reclamas, me dominará. Toda deuda, es un compromiso al que está sometido el deudor. Si no pago me condenaría, de menos, simbólicamente y estoy harto. ¿Sabes? Harto. No le debo nada a nadie y detesto el deber, del tipo que sea. Sólo es un gobierno al que no me pienso ni someter ni dejar que me sojuzgue. La culpa es una deuda, por ejemplo. Te pago a su vez para olvidar lo que yo creo que tú me debes, cosa que no te diré nunca porque no tendrías ni con qué pagarlo. Es una deuda impagable, así de mudo es lo que creo que me debes, que ni siquiera es un deber. Y que sólo yo me encargaré de olvidar, olvidándote.

No escribo de ese tiempo, ese tiempo lo escribí mientras pasaba. No lo volveré a tocar, sinceramente, lo quiero dar por muerto. Los perros se me murieron en el odio, en el inconsciente, en la rabia, en la impotencia y en el desamor. Se me murieron por la tristeza que me rodeó, la melancolía aplastante y la nostalgia que me asfixió, circunstancias a las que no volveré. Te sufrí, te lloré, me abandoné, me deprimí demasiado tiempo. Intenté salir con mis astucias de la depresión en la que me hundí a tu lado y no pude. Sinceramente no te puedo ni ver, ni oír, ni quiero saber de ti. Me molesté con mi madre cuando fue a verte, porque no te conoce. Te hablé, fue lo mismo de siempre (hasta me cortaste la llamada, cosa que interpreté de inmediato como ese poco deseo, ese poco querer). Las últimas veces que te vi, hace dos años, me dijiste puntual, creo, como mecanismo de defensa, cosas muy hirientes, que para mí eran sugerencias de no volver a verte. Yo para defenderme, en mi fuero, las considero tonterías. Tonterías de alguien que cree saber algo.

Aunque usted no lo vea, la tacañería es una forma de violencia. Violencia que se perpetra sobre los otros y sobre uno mismo. Digamos, la tacañería es un calzón prominente para persona obesa, delgado por el uso, casi traslucido, incluso minado por agujeros y puede que hasta sucio. Colgado a la intemperie, exterior, en un tendedero a punto de caerse y expuesto a la vista de todas las ventanas. Son los trapitos sacados al sol. La miseria padecida por tacañería es insufrible y cruel, además que se disfraza de humildad y otras banalidades de la moral del débil. De todos modos, he presenciado pocos actos de generosidad que no estuvieran viendo el cobro a la vuelta de la esquina. Son estrellas salpicadas en la inmensidad de la oscuridad. Hay una poesía de la economía que aunque lo deseáramos, jamás podrá estar separada de una problemática ético social. Tener o no tener, no es igual. La atmósfera te aplasta en la pobreza, hace que te arrastres en la mugre. No es lo mismo tener, que no tener.

Así como tampoco tolero a alguien con sus dogmas cientificistas, que me vigile y castigue con un medicamento, ni creo que después de tanto tiempo le concierna en lo absoluto, no quiero a la ratas de la psicología que roan con sus fórmulas porque no tienen de otra. no creo que le interese, ni pueda tener alguna injerencia, de la cual sólo obtiene su juicio parcial, su bien no el mío, y el cual quisiera hacer funcionar como ley universal para salvarse así, no a mí. eso es una mentira. Alguien que no escucha a los otros, que sólo tiene esta fe ciega en un cientificismo utilizado para decir quienes son los enfermos y quienes los sanos, qué es lo normal… etcétera… Una real y verdadera bazofia para detentar un poder insignificante. Dópense ustedes, no piensen ustedes, no sientan ustedes. No se enamoren ustedes. Pónganse sus sedantes para tolerar sus existencias fútiles.

Los adictos me son deleznables. Eso es lo que creo ahora. Detesto su esclavitud y su nula voluntad. Su poco deseo o por completo apagado. Su cero pasión, su renuncia y entrega al gobierno de su necesidad. Su simulacro de espiritualidad, esos sí, bola de enfermos dependientes. No soy conservador, por mí que se mueran y se maten a su gusto. Con esos hábitos del desgano, que se mueran en esa poca euforia y entusiasmo por vivir. La vida tiene más tesoros que esos dos o tres placebos.

No voy a mentir, la embriaguez puede colmar ciertas felicidades, puede satisfacer ciertos placeres. Un hábito, el que sea, me es detestable. Enfermos de la costumbre, huyeron del deber y se metieron en otro, donde además se creen valientes. Bola de cobardes. Todos esos deseos frustrados.

La estupidez es, claramente, ser esclavo de tus pasiones, de tus temperamentos, palabras que se convierten en creencias. Ser vólatil por ágil que te creas, se es lo que se dice tal cual: un idiota. Alguien incapaz de diálogo o escucha, que no se controla, que no le interesan los otros, ni lo que pudieran llegar a decir. Tu lengua tropieza por exigirte ser, y se advierte sólo un amasijo de carestías y complejos, de miedos. Un potencial psicópata, un ingenuo ignorante, se vislumbra un monigote grotesco, que babea y ríe de sus propias torpezas, según él magníficas. Sólo son angustias manifiestas de un idiota. También me olvidaré de reiterarlo, tengo otras cosas que hacer. Minucias. Tampoco es mi responsabilidad.

Otro día escribo sobre la fiesta, con lo que me apasiona la fiesta. Ahora tenía que desquitar sobre los descerebrados, los damnificados de las drogas. Los pobres que no tienen porqués de vivir, los inútiles para sí y los otros, que entregan sus vidas a la nada antes de la nada. A esos despreciables suicidas, a los que con toda la calma, les escupo a la cara.

Creo que como todos mueren más rápido en esos ambientes, antes de que se los trague el agujero negro de sus inmundicias, van pisando a los otros para tratar de huir, de salir, se traicionan con tsl de encontrar la salida, para intentar salvar un pellejo igual de mugroso. Es en la sordidez que uno se da cuenta de que no existe la consciencia, ni esa gente, ni ninguna la puede tener. Es sólo una ficción momentánea para salir del paso, no es difícil observar que cualquiera que se jacte de, carece de.

Antes de partir, el duelo, debería implicar quemar la casa. Para que sus cenizas no nos persigan.

Al extinguirse la humanidad, ciertas especies se trastornaron por la desaparición del ruido. Algunos halcones, cazaban gorriones o palomas. Ciertas especies de ratas se comían a sus crías. Algunas cucarachas machos le arrancaban la cabeza a la hembra al parir.

No creo que a la mayoría de las mujeres las quieran los hombres. Pero tampoco creo que ellas quieran a nadie. Es recíproco.

Tengo derecho a estar molesto con los que tornan la diversión en un asqueroso y nauseabundo hábito rutinario.

laberinto 1-6
06 Laberinto 1-6



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