La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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La historia de la violación humana comenzó con la perpetración del silencio, del sonido común. para esta exaltación en la que los idiotas hablan su lenguaje, el suyo, no el del mundo. Los que hablan no quieren que pensemos, quieren violarnos, penetrarnos, abarcar el espacio con su gorgoreo. Es el falo el que habla. Les perjudica y temen que alguien pueda tener un mundo propio, ajeno, externo y vedado para ellos. Los aflige que no haya tickets para que puedan entrar. Quisieran conquistarnos con sus estúpidas palabras. Lo que no saben es que nuestro silencio está abierto, que sólo escuchamos el parloteo de marionetas. Títeres del destino de lo que tenían para decir, las trivialidades que son, de las que nunca se han percatado ni nunca lo harán.

Creo que nunca se ha hablado del poder destructivo de la construcción de los hombres. Ahora le llaman ecología a esa manera de angustiarse por lo que no pueden detener y hablan. (porque si conocemos lo que es ser millonario, se trata de vender más y más cosas a bajo precio, de dudosa calidad a los pobres. crear más y más pobres que hagan millonarios a esos millonarios, haciendo más y más basura y desperdicios. eso es el capitalismo, toneladas de basura). Lo cierto es que el tiempo, ese viejo dios trastornado y neurótico, cada tanto, los merma hasta los huesos, les hace recordar su insignificancia. Las almas deambulan despavoridas alucinadas y las ancianas se depilan la entrepierna el día que entierran al hombre que ya más que comer, masticaba el polvo roía los ayeres veía espejismos y adoraba efigies apócrifas, como tantas otras veces.

Lo seguían, lo tenía por seguro. Danzó junto a las vías del tren. De lo que se da uno cuenta, cuando lleva la cuenta, es de que la vida de los seres humanos es infinitesimal, diminuta, casi nada. La vida de una mujer de un hombre es irrelevante. Por más discursos protuberante-m e n t e burgueses sobre la importancia de la vida y de cómo preservarla. Discursos del miedo y la perpetuación de nada. Le tenían una rabia profunda, por el misterio de no pertenecer a su ordinariez. Lo cierto es que se te cruza un loco y acaba con tu suerte. Danzaba junto a las vías cuando un tipo nervioso, lo empujó cuando el tren se acercaba a toda velocidad. Dejó una mancha roja sobre la faz del tren, apenas una pintura abstracta, espontánea, una expresión como la de cualquier artista existente.

El consciente inconsciente explicado con un calcetín. Por fuera la apariencia, la consciencia de lo que dice ser, su forma las figuras que adornan ese adefesio, sus repulsivas atracciones, sus mentiras verdaderas. sus verdades mentirosas. Volteado del revés, se le notan las costuras a ese inconsciente, real, desordenado, errático, bello en lo grotesco, soberbio en el descaro del secreto. El consciente escueto de decires es idiota, a todas luces habla su inteligente idiotez. El inconsciente abundante de silenciosas soledades brilla en bruto, no descubierto, en un lugar mineral lejos de la vista estúpida del que pronuncia ese supuesto consciente. La atroz violencia del déspota tirano llamado consciente. Un día se levanta el inconsciente y lo mata.

El ser humano, este mamífero cuya vasta ignorancia, porque lo que ignora es inmenso e inabarcable, impone estos límites para anegarse o no naufragar ante lo que desconoce y en consecuencia teme. ¿Cuántas veces a diario no vemos cometerse inmoralidades en nombre de ciertas moralidades, más "legítimas", más normales? ¿En nombre de cuántos códigos éticos no vemos cometerse los actos más infames de injusticia?

La reacción de un animal proscrito en el raciocinio y sus estremecimientos. El torrente de una presa contenida cuya magnitud sobrepasa toda ingeniería y cálculo. Una neurosis agolpada en la erupción cutánea, escosores, malformaciones, molestias a flor de piel. El deseo mortal, irrecusable, que expresa un llanto callado sin fin, en un insomnio sin fin. Música para mis ojos. Eyes scream, ice cream, I scream.

No entiendo a la gente que no enloquece, que no se enamora, que no ama. Pobres almas en desgracia. A veces pienso, a su vez, en aquellos que no llevan su sexualidad al extremo, que no languidecen tras horas de espasmos y retorcidos deseos colmados. Me he cruzado con ellos por infortunio, por desgracia. ¿Quién va a saber qué esconde un rostro, qué recato pusilánime encierra, qué pudores alberga para sufrimiento de los otros?

Hay una soledad que se puede vivir en medio del tumulto. Una soledad que no corresponde con nadie ni con nada. Un deseo sin objeto porque todo objeto se ha caído de su pedestal, el nicho ha quedado ahuecado y la tumba seca. Esa soledad sin cara, sin anhelo, con la inutilidad de haber salido de la decepción de todas las cosas. Los sonidos son un caos porque toda representación de significado resulta alejado, a una distancia diáfana.

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