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Nadie le dijo que se fuera de su casa. Nadie le dijo lo que tenía que hacer. Salió un domingo cuando estaba amaneciendo y nunca lo volvieron a ver. Esa es la historia, de tantas, particulares, siniestras, que llenan un mar de desdicha lo inabarcable. Lo que no tiene reparación posible. No hay manera de resarcir nada nunca. Ni la venganza ni el castigo pueden devolver nada. Su vida para algunos insignificante, era la de un pequeño en la vida rural. El mayor de entre otros hermanos que corretean los animales o juntan flores. Lo veo saliendo de su casa humilde en el campo, una mañana con lluvia, brumosa. Va a la enorme, a la aplastante anónima ciudad de hierro con sus dientes de acero afilados. Con el miedo atragantado en las elipsis de estos ríos de gente, de estas espirales que atrapan gente, que engullen gente. Trabaja en una paletería, de esas que hay rosa. Llama a su casa de vez en cuando, breves palabras, cuídate. Un día lo hallan a las afueras de la ciudad, muerto a golpes. Su gente de campo, va a reconocer el cuerpo en las morgues fauces de la ciudad inclemente. A ella jamás se le ha salido el recuerdo de su hermano muerto. Tiembla al hablar de él.
Se enconaron con él. Su vida, una serie de desastres tras otros.
Las pesadillas del asesino. Por la noche transpira, tose, pasa frío. Sueña que vienen por él. Jura vengarse de todos, todos los días cada uno de esos días.
La fortaleza del soldado. Creo que hay que estar de acuerdo sin ningún género de dudas, de que J.B. antes de hacer arte, fue un miembro del ejército alemán y en su casa fungía de modo tan estricto como un general. Era temido por su familia.
Al contrario, considero que los hombres somos medio maricas y las mujeres bastante machos. Los hombres más o menos putones sin excepción, sin llegar a ser enteramente putos. Las mujeres más o menos capataces sin excepción, sin llegar a ser patrones.
La fábrica de perros.
Le come la verga, se la arranca y se la traga. La cagará hasta dentro de tres días. Él sufre una hemorragia por meses hasta cicatrizar. En un par de años le vuelve a salir un rábano por verga, gordito y bonachón.
Van en la carretera, viaje sin contratiempos, se encuentran perdidos en un parpadeo, no se dieron ni cuenta. No saben que tuvieron un accidente, que están muertos. Sólo cada vez que buscan, el frío va pasando de tenue a una violencia en los huesos. Buscan en los mapas, no se encuentran, nada es reconocible. Parece idéntico a la realidad mas nada cuadra. El idioma empieza a transfigurarse en algo ininteligible.
Érase una mujer malvada, de cuento. Se puede pensar que no existen, por todos nuestros estereotipos anclados en la costumbre, la madre incondicional, la virgen inmaculada, la santa iluminada, la bella indómita, la reclusa letrada, etc. Se enamora de un soldado valiente que muere en la guerra. Vive el resto de sus días como una desgraciada indigente en un pueblo despiadado e indolente. Se le ve buscando entre la basura, guarda secretos que todos desconocen, entre el ollín, la miseria, y el rencor.
se dice que el mundo todo es mera ilusión, representación. que sólo somos 4 entidades que se disputan la aniquilación de cada una de las otras tres entidades. como cuatro dioses que enjaulados, esperan ver a los otros tres al borde de la agonía. arden para consumirse en deseos.
Es uno de los libros más difíciles que he escrito. Dado el ambiente de censura, hay que evitar roces, fricciones, raspaduras. No hay que irritar pero hay que estremecer, no hay que alterar pero hay que conmocionar, no hay que perturbar pero hay que crear un apogeo de dimensiones sobrenaturales para arrancar las determinaciones pretendidamente preestablecidas. Es un libro como tantos otros, tirado en el desierto.
Estoy ahí empequeñecido en medio de la fiesta y oh frente a mis ojos: un rinoceronte. Pensaba sobre los techos en la India, comía panes, tomaba aguas extrañas, caminaba entre los cultos, y oh ahí estaba otra vez frente a mis ojos: el rinoceronte. Oía conferencias por internet, de imprevisto como que no quiere la cosa: un rinoceronte. Revisaba documentos, veía imágenes flotar en la pantalla y aparecía con un guiño de ojo: el rinoceronte. Meditaba en medio del desierto como un judas falso, ahí estaba imponente y fulgurante: ese rinoceronte de mis sueños. En Roma, en el recoveco de una escultura decapitada, desmembrada, un capullo de mariposa en una esquina y atrás, inigualable, el rinoceronte taciturno.
la mujer es el mejor engaño de la naturaleza: son abominables. Son espantosas.
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