REGRESAR
SIGUIENTE
Mi vida, infestada de claroscuros, está en un sendero cuyo horizonte se pierde a la vista. Como el de otros. Quizá sólo difiere, en que alzo la vista para verlo… Creo que he tenido momentos de enorme lucidez y momentos tan sombríos que ni yo entiendo nada de lo que me pasa o pasa alrededor, en una turbina caleidoscópica turgente. Un animal salvaje que apenas percibe la realidad humana, o una roca informe, no por ello menos perfecta con las respuestas justas adecuadas precisas de lo que se pregunte, por inverosímil que sea. No es una síntesis, sino un bandazo de péndulo. Por supuesto, nadie puede vivir así. Ni se lo imaginan. Se morirían al instante de terror: Se infartarían.
Era, en las altas sociedades una perdida, y en los bajos fondos una putita. La clase medio lista medio tonta no dice nada, es más bien sosa (¿se hiere en enunciados cáusticos?), guarda sus prejuicios y complejos en sus instituciones llamadas… pata tín pata tan. Re-bautiza sus cortos criterios. Disimula sus ignorancias y profiere sus altanerías disfrazadas de causas justas. En idilio constante y delectación con el poder, con las inutilidades para detentar el poder. Donde las más de las veces se les nota la ambición de pertenecer a la verdadera clase de haraganes, los ricos. Ella pasaba obscena de amante en amante alejada del barullo de lo real. Diríase una libélula entre la hierba, por encima del espejo de los lagos, o entre las flores. A veces cobraba cuando se lo ofrecían, a veces se cobraba con mañas. Ligera, sagaz, volando al ras. Su padre, eminencia médica, especialista en el dolor, anestesiólogo. Ella brinca de cama en cama, por los placeres del mundo. Entrada en años, el cuerpo le falla, esos fallos fisiológicos que no tienen explicación y si la tienen, de eso no se habla, sólo se sabe en lo privado, algo que se sabe, y de lo que no se puede hablar. Se habla de todos modos. Una lógica en el inconsciente que no será revelado mas que sólo por ella. La enfermedad radica, en que la piel se le descompone, le duele una brisa, siquiera un aliento que se le acerque, nadie la puede tocar. Después de mil y un travesías eróticas, queda intocable, sumida en el dolor, aún vive. Toma té, mira las personas pasar, indiferente.
Afortunadamente hay lugares en los que el arbitrio de la ciencia nunca podrá entrar por completo: el azar, el infinito, los sueños, la muerte, el inconsciente, el vacío, la poesía, el deseo. Tuve la llave tu corazón y la perdí. La arrojé al mar furioso. No podrán medir nunca nada más.
…de noche se sienta al árbol del que baja una serpiente bicéfala. ha matado la pasión, el furor de sus lascivias. ella inexistente, una imagen. es fresca y profunda la noche imantada de insectos. Se sienta al árbol que lo quita de la noche, quiso una experiencia límite, no vio lo imposible. mató su deseo, el furor de sus lascivias. el escombro que dejó ella.
Nombrarlos colección de apuntes sobre arte, es una broma pesada. No sé si lo habían notado. Otra ficción mía, mía, mía. En la que cayeron y creyeron, redondos.
Aleteo como un mosquito, con tan sólo mis fosas nasales. Percibo cosas que nadie ve, sobre todo cuando me callo, suelo ser peligroso, puedo ver la transparencia de las personas. Soy tan lento, que puedo ver su alma. Y eso me asusta, porque no veo sino infames y monstruos. Vivo asustado frente a ellos como lo estaría un niño o una criatura extraña.
¿Cuántas pelotas de golf habrá perdidas sobre la faz de la tierra? Quisiera un mapa infrarrojo que ilustrara esa inutilidad de saber ese saber. vivo sin vivir porque no veo esa ilustración, de carácter capital para el ocio y la belleza del dibujo.
De lo que se habla es del síntoma, y hasta eso, se lo lleva el viento.
la búsqueda del placer a veces implica la huida del dolor.
se escribe para decir sobre lo que no se puede hablar, que todos saben y nadie se atreve a siquiera insinuar, y están obligados a callar.
a menudo discutían. trivialidades cotidianas. nunca se sabe qué tanto está en juego cuando esas nimiedades cobran un valor psicótico. ella habría viajado a aquel país oriental en busca de una educación estética en la danza, él la persiguió hasta allá. vivían a distancia del mundo conocido, de su mundo familiar, solos, acompañándose. exiliados, sólo se tenían el uno al otro. de temperamento álgido ella. él neurótico contenido. a simple vista nunca se les habría visto el susodicho perfil de ninguna tipología. él hacía un doctorado en matemáticas becado por cierta institución renombrada de otro país. tenían una hija en común, se separaron, libraban la custodia de la niña. ella era hermosa, delicada, bailarina e histérica de oficio. se dirá, que una relación es una dinámica, una cierta articulación de acciones mutuas, de transgresiones y permisos, de solicitudes y abusos de confianza. no sabemos nada, absolutamente nada. llegó la noticia y heló la sangre de cualquiera que la conoció. mi pareja de ese entonces me la comunicó, al colgar el teléfono. en ese país oriental, machista y repleto de corruptelas, de vicios y fallas legales, en un río cuyas aguas no eran profundas, apareció una maleta con el cuerpo descuartizado, chamuscado, de ella.
eran jóvenes, habitaban el centro de la ciudad, que era también a esa edad, el centro del universo. su pasión carnal rebasaba los cielos nocturnos. copulaban el día entero en el verano, desnudos se paseaban por el apartamento. impúdicos frente a las ventanas, ambos, sudados, crispados como gatos. seguían los rituales hipnóticos del sexo, obedecían la danza del deseo, hacían caso a los trances del amor, a sus juegos. después de dos años, eso se apaga de golpe una tarde de abril. él lo nota por el modo profuso en que ella suspira y no lo toca más. se ha perdido lo espontáneo. ella no lo excita ni lo alienta, no lo provoca ni lo incita. él se seca triste como una planta no procurada. un día descubre dentro de sus cosas una carta, lo atraviesa el frío violento del descubrimiento. se siente burlado. su corazón duele, luego arde. otro hombre ronda el amor de la buhardilla. la sangre le cierra la garganta, lo asfixia. en esos días ella llega tarde a casa, él la espera. una noche calurosa, beben, se enervan, ella abre las ventanas. mientras ella está sentada a la mesa de la cocina discuten. ebrios, buscan las palabras para pelear. ella no sabe que él sabe. se comienzan a gritar y herir con lo que se dicen. ella se para de la silla, él voltea, trae un cuchillo en las manos. él le grita que sabe su secreto. ella se altera, lo empuja, él con el impulso de tracción contraria se arroja. la clava. el cuchillo hiende su estómago. la deja ahí tirada. ella no se puede mover. él huye de la casa. ella se muere ahí abandonada. de ojos abiertos viendo hacia la ventana, el cielo oscuro de la ciudad, que es el centro del universo. escupe sangre, se queda inmóvil.
lo sacan a patadas del lugar, le dan fruta que meten en un saco y le dicen que no vuelva, que se acerca algo terrible. ¡será terrible! que no vuelva al desierto... cruza el pueblo, llega a la entrada del túnel que atraviesa la montaña. camina hacia el túnel, lo levanta un carro que atraviesa esa caverna de luces, de resonancias. del otro lado, un coyote flaco hambriento persigue el transporte a la par, hasta que se cansa, se mete a un deshuesadero de carros cadavéricos, aúlla. el viento golpea su cara. llegan al otro pueblo al caer la noche. vaga. se sienta en la plaza pública en un banco. llegan dos tipos, uno golpeado, la cara la tiene molida a golpes, vienen drogados, le ofrecen pastillas, en una pesadilla. Huye, se mete a un hotel que apenas tiene un par de focos encendidos por la puerta de cristal. pide comida. no trae dinero. le sirven un vaso de agua, un plato de frijoles y tortillas. devora el plato. se para, se va. camina por la carretera de noche, una camioneta se acerca, lo sube. se duerme. lo bajan en una caseta, no va más. cruza la caseta repleta de soldados armados. del otro lado hay trailers desperdigados. mira al lado de uno a la sombra, aparece una puta arrodillada, se diría que reza: succiona el pene de un hombre mugroso y encorvado. al sentir que se acerca, la puta lo voltea a ver, no tiene dientes y el maquillaje se ha corrido, es grotesca al sonreír. camina entre los trailers esparcidos, putas feas montan hombres feos, hombres deformes fornican putas como perros. gordas y deformes, gimen entre los trailers encendidos. se acerca a una puerta que tiene un ángel dibujado. el hombre le dice que suba del otro lado, la puerta tiene un demonio pintado de ese lado. sube. arranca, es alto desde ahí, sólo ve las líneas de la carretera entrar a su campo de visión por un halo de luz. por el espejo retrovisor ve que el conductor tiene los labios pintados. le hace conversación, casi no escucha. - ¿y tú te duermes boca arriba o boca abajo? - le toca la pierna, y es entonces que siente la intención de que lo violarán. abre la puerta. en un estrépito el trailer se bambolea hasta alcanzar a frenar, lo baja a gritos. camina por la carretera, es de noche, hace frío. ve una camioneta azul con la luz encendida al interior. se asoma, tiene un alumbramiento, se pasma, ahí hay un iluminado, un rey un mendigo, un muerto un fantasma. sigue, el sol comienza a salir. ve un merendero, adentro comen. unos le invitan a desayunar, come huevos, pan y café. sale de ahí. sube a un camión en el que todos son animales de una granja, como en un sueño. baja en una estación de gasolina, está un padre que parece puerco y un hijo que parece puerco. lo suben a su auto. se duerme en el asiento trasero, los oye gruñir. lo bajan en una terminal. no sabe ni dónde está. pide dinero. están los expresidentes ahí con sus caras de ineptos. le dan dinero, lo sobornan. en el camión le regresan sus órganos vitales, uno a uno vuelven a animarse. baja en la ciudad, es un gran zoológico civil. sí, vil. las calles están repletas de personajes malos de la literatura fantástica. llega a casa de su abuela a pie, canta el ave de 400 voces. sube la escalera y está su papá vestido de luto. le dice que tienen que partir. suben a un carro negro. unas tías añejas rezan al interior una letanía somnífera. al llegar, una mesa larga repleta de mujeres en faldas, cenan con las piernas abiertas. sus sexos expelen a flores por todo el lugar. lo están velando, comen su cuerpo. se olvida, hace una foto de una aparición en el jardín. nadie le cree nada. ve la fotografía y a hoy día, aún no sabe qué es. lo internan en un psiquiátrico y a hoy día, aún lo llaman loco.
REGRESAR
SIGUIENTE